En el marco del acompañamiento escolar, es fundamental recordar que los deberes son una herramienta pedagógica destinada exclusivamente a los estudiantes. Cuando los adultos asumen esta tarea, lejos de ayudar, obstaculizan el desarrollo de habilidades esenciales como la autonomía, la responsabilidad y la gestión emocional.
Especialistas en educación coinciden en que los niños y adolescentes necesitan enfrentarse a sus propios desafíos académicos para aprender a organizarse, cometer errores, corregirlos y crecer a partir de ellos. Hacerles las tareas no solo les impide ese proceso, sino que también les transmite el mensaje de que no son capaces por sí mismos.
Esto no significa que las familias deban desentenderse. El rol de madres, padres y cuidadores es clave como acompañantes: pueden ofrecer apoyo puntual, responder dudas, fomentar un ambiente propicio para el estudio y establecer rutinas claras. Pero deben evitar resolver por ellos lo que les corresponde enfrentar.
Además, establecer normas, límites y reforzar las conductas positivas en el hogar contribuye a construir un entorno educativo equilibrado, donde el aprendizaje se convierte en una experiencia significativa y formadora.
En definitiva, permitir que los hijos se hagan cargo de sus deberes es una forma de confiar en sus capacidades, fortalecer su autoestima y prepararlos para la vida. Porque educar también es enseñar a ser responsables.
Tus hijos no aprenden nada porque les haces las tareas: ¡déjalos asumir su responsabilidad!